El rol de los acompañantes de las personas con discapacidad

Por Noelia Proto, psicóloga y Silvia Yaury, asistente Social, ambas de Fundación Río Pinturas (www.riopinturas.org.ar).

Al pensar en una persona con discapacidad (PCD) surge la necesidad de que existan acompañantes para que pueda llevar adelante su cotidianeidad. En este punto, planteamos la posibilidad de aspirar a una vida con apoyos. Un modelo desde el cual esta persona ejerza su plena capacidad de elección como ser humano y ciudadano en plenitud de condiciones, en libertad, de modo individual, controlando todos y cada uno de los aspectos de su vida para acceder al mismo rango de igualdad de derechos y deberes que sus conciudadanos sin discapacidad.
Esta perspectiva implica una ideología, una estrategia y una metodología a través de la cual las personas con discapacidad, con el apoyo de sus familias u otros significativos (en tanto acompañantes), dirigen la planificación y asignación de recursos para alcanzar sus propias metas y su visión de vida.
Es importante tener en cuenta los intereses, esperanzas, sueños y deseos de la PCD ya que ella es el eje central. Este enfoque está orientado a lograr una vida independiente y de participación en la comunidad. Esto conlleva identificar oportunidades para que la persona pueda desarrollar relaciones interpersonales, participe en su comunidad, incremente el control sobre su propia vida y optimice destrezas y habilidades necesarias para alcanzar sus metas.
En este punto, se destaca la importancia de identificar las redes de apoyo y desarrollar un perfil personal para enfocar la planificación sobre los puntos fuertes y las capacidades del individuo, creando una visión para el futuro.
La presencia de los acompañantes no es definitiva ni absoluta, si no que va variando en tanto la PCD se apropia de las herramientas y/o apoyos brindados por el otro. Es un proceso dinámico que se va desarrollando día a día, a medida que van surgiendo nuevas potencialidades, habilidades, necesidades, etc. Es por eso, que es fundamental que el acompañante pueda identificar estos cambios, leerlos y planificar sobre la marcha para acomodarse a la realidad que va surgiendo. Sin olvidar que el eje siempre es el individuo y el acompañante es un facilitador.
A partir de este planteo, pensamos en una PCD independiente pero no sola. Esto es, fomentar y potenciar las capacidades individuales, generando espacios propios y herramientas necesarias para lograr el mayor nivel de autodeterminación que sea posible.

 

Fuente: Palermo Online

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